jueves, 6 de enero de 2011

La invención de Hugo Cabret (fragmento)


(...) Estaba rompiendo el día y el viejo juguetero acababa de abrir su tienda, cuando Hugo se acercó por el vestíbulo.



-Estaba seguro de que vendrías hoy -dijo volviéndose hacia él.



Se metió la mano en el bolsillo, sacó un pañuelo con las esquinas atadas y se lo ofreció. Hugo abrió los ojos de par en par, esperanzado; pero cuando cogió el pañuelo comprendió lo que le había entregado el viejo.

Mientras desataba los cabos se le formó un nudo en la garganta, y las lágrimas se agolparon en sus ojos.

Hugo palpó las cenizas y dejó caer el pañuelo que las contenía. Se tambaleó: sus planes, todos sus sueños se habían deshecho como aquel puñado de cenizas.

De improviso se abalanzó sobre el viejo, pero él fue más rápido y le agarró los brazos para detenerlo.



-¿Por qué te importa tanto ese cuaderno? -preguntó mientras sacudía a Hugo-. ¿Por qué no quieres decírmelo?



Hugo se echó a llorar y, mientras de debatía para desasirse de las manos del hombre, se dio cuenta de algo extraño: también él parecía tener lágrimas en los ojos. Hugo se preguntó por qué estaría llorando el viejo juguetero.



-Vete -susurró este, soltándolo-. Márchate de aquí, por favor. Ya ha acabado todo.

Hugo se enjugó las lágrimas con una mano llena de ceniza que le dejó la cara surcada de churretes negruzcos. Luego se dio la vuelta en redondo y echó a correr (...)

(...) Se dirigió a la cantina y se sentó a una mesa para saborear el café (...) Cuando volvió a agarrar la taza, vio que sobre la mesa había aparecido un papel doblado. Miró a su alrededor, pero no había nadie cerca que pudiera haberlo dejado allí. Hugo desdobló la hoja lentamente.

Decía así: Te veré en la librería que hay al otro lado de la estación.

Nada más.

Pero entonces dio vuelta al papel y vio otra frase escrita: Las cenizas no eran de tu cuaderno (...)

(BRIAN SELZNICK)

viernes, 15 de octubre de 2010

Caballo de Troya 1 (fragmento)


"... Mira al Oriente, mira al Oriente de tu corazón. Está saliendo un nuevo sol... Dicen que deja estelas de libertad... Dicen que es la esperanza. La esperanza dormida hasta hoy en la otra orilla. Mira hacia el Oriente, hacia el Oriente de ti mismo... Está amaneciendo en la costa de tu mirada, ya brilla una nueva estrella... Ya llega, ya tienes mi señal entre tus manos... ¡Ya llega, ya tienes mi señal!"

sábado, 2 de octubre de 2010

La casa y el viento (fragmento)


La densa neblina del atardecer a la noche se ha convertido en llovizna; las nubes están muy bajas, o corre viento y el agua cae lentamente (…) La noche es fría, la visión de las calles abandonadas, la lluvia perezosa, algún camión que se desplaza de tanto en tanto por los charcos de lodazal producen en la intimidad del cuarto una sensación agradable de estar aislado y al abrigo del mundo (…)
La altitud quita el sueño y mis recuerdos vagan sin compromiso alguno, cuando de pronto escucho voces de la habitación de al lado. Acaban de llegar, es una pareja. Aguzo el oído.
“Ahora no podemos volver”, dice él.
“Pero tengo miedo, tengo miedo”, dice ella.
Por el tono de sus voces los adivino muy jóvenes. De pronto la luz se apaga. La han cortado en la usina, como siempre, a las once. Pero la claridad de la noche se mete por la claraboya y por las rendijas de los postigos. No hace mucho frío. Ahora escucho que ella trata de contener su llanto, de transformarlo en sollozo apagado.
“Todo irá bien, ya lo verás.”
“Sí”, dice ella y cuando habla su voz suena como ahogada. “¿Pero, por qué? Nosotros no hicimos nada.”
“A ellos no les importa”, dice él.
“¡Pero no hicimos nada!”
“Sí hicimos, Clara.”
“¿Qué? ¿Qué es lo que hicimos?”
“No estar de acuerdo con ellos. Hablá bajo, por Dios.”
“No puedo.”
“Sí puedes.”
La claridad que entra desde afuera ha transformado las cosas dentro de mi habitación haciéndolas más benignas, menos rotundas y más ambiguas.
De repente se escuchan pasos en el corredor y enseguida unos golpes en la puerta. Ellos dejan de hablar. Los golpes se repiten.
“No digas nada. No abras”, ruega ella en un susurro.
“¿Quién es?”, pregunta él, por fin.
“Yo. Del hotel. Aquí está la cobija que han pedido.”
La puerta se abre y vuelve a cerrarse. También yo, sin pensarlo, me había puesto de pié, acercándome a la puerta clausurada entre las dos habitaciones. Regreso a mi cama y a poco vuelvo a escucharlos. Ahora parecen reír y sollozar al mismo tiempo.
“¿Ya no tenés miedo?”
“Sí. Abrazame.”
“Mañana a medio día trataremos de cruzar. A esa hora hay mucha gente y se fijan menos.”
“Sí, sí. Abrazáme más fuerte.”
Pronto amanecerá, pero aún las calles están desiertas. Me levanto y me mojo la cara en la jofaina. Abro los postigos de la ventana. La frontera a pocas cuadras es el río que corre encajonado entre barracas. Otro país. Allí, no muy lejos, un farol en la punta de un palo, en la noche, balanceándose en el viento, como un símbolo (…)

HÉCTOR TIZÓN.-

lunes, 14 de junio de 2010

13 de Junio "Día del Escritor"


En honor al gran Leopoldo Lugones, escritorazo argentino y fundador de la Sociedad Argentina de Escritores.

“YZUR”, DE LEOPOLDO LUGONES

Compré el mono en el remate de un circo que había quebrado.
La primera vez que se me ocurrió tentar la experiencia a cuyo relato están dedicadas estas líneas, fue una tarde, leyendo no sé dónde, que los naturales de Java atribuían la falta de lenguaje articulado en los monos a la abstención, no a la incapacidad. "No hablan, decían, para que no los hagan trabajar".
Semejante idea, nada profunda al principio, acabó por preocuparme hasta convertirse en este postulado antropológico:
Los monos fueron hombres que por una u otra razón dejaron de hablar. El hecho produjo la atrofia de sus órganos de fonación y de los centros cerebrales del lenguaje; debilitó casi hasta suprimirla la relación entre unos y otros, fijando el idioma de la especie en el grito inarticulado, y el humano primitivo descendió a ser animal.
Claro es que si llegara a demostrarse esto quedarían explicadas desde luego todas las anomalías que hacen del mono un ser tan singular; pero esto no tendría sino una demostración posible: volver el mono al lenguaje.
Entre tanto había corrido el mundo con el mío, vinculándolo cada vez más por medio de peripecias y aventuras. En Europa llamó la atención, y de haberlo querido, llego a darle la celebridad de un Cónsul; pero mi seriedad de hombre de negocios mal se avenía con tales payasadas.
Trabajado por mi idea fija del lenguaje de los monos, agoté toda la bibliografía concerniente al problema, sin ningún resultado apreciable. Sabía únicamente, con entera seguridad, que no hay ninguna razón científica para que el mono no hable. Esto llevaba cinco años de meditaciones.
Yzur (nombre cuyo origen nunca pude descubrir, pues lo ignoraba igualmente su anterior patrón), Yzur era ciertamente un animal notable. La educación del circo, bien que reducida casi enteramente al mimetismo, había desarrollado mucho sus facultades; y esto era lo que me incitaba más a ensayar sobre él mi en apariencia disparatada teoría.
Por otra parte, sábese que el chimpancé (Yzur lo era) es entre los monos el mejor provisto de cerebro y uno de los más dóciles, lo cual aumentaba mis probabilidades. Cada vez que lo veía avanzar en dos pies, con las manos a la espalda para conservar el equilibrio, y su aspecto de marinero borracho, la convicción de su humanidad detenida se vigorizaba en mí.
No hay a la verdad razón alguna para que el mono no articule absolutamente. Su lenguaje natural, es decir, el conjunto de gritos con que se comunica a sus semejantes, es asaz variado; su laringe, por más distinta que resulte de la humana, nunca lo es tanto como la del loro, que habla sin embargo; y en cuanto a su cerebro, fuera de que la comparación con el de este último animal desvanece toda duda, basta recordar que el del idiota es también rudimentario, a pesar de lo cual hay cretinos que pronuncian algunas palabras. Por lo que hace a la circunvolución de Broca, depende, es claro, del desarrollo total del cerebro; fuera de que no está probado que ella sea fatalmente el sitio de localización del lenguaje. Si es el caso de localización mejor establecido en anatomía, los hechos contradictorios son desde luego incontestables.
Felizmente los monos tienen, entre sus muchas malas condiciones, el gusto por aprender, como lo demuestra su tendencia imitativa; la memoria feliz, la reflexión que llega hasta una profunda facultad de disimulo, y la atención comparativamente más desarrollada que en el niño. Es, pues, un sujeto pedagógico de los más favorables.
El mío era joven además, y es sabido que la juventud constituye la época más intelectual del mono, parecido en esto al negro. La dificultad estribaba solamente en el método que se emplearía para comunicarle la palabra. Conocía todas las infructuosas tentativas de mis antecesores; y está de más decir, que ante la competencia de algunos de ellos y la nulidad de todos sus esfuerzos, mis propósitos fallaron más de una vez, cuando el tanto pensar sobre aquel tema fue llevándome a esta conclusión:
Lo primero consiste en desarrollar el aparato de fonación del mono.
Así es, en efecto, como se procede con los sordomudos antes de llevarlos a la articulación; y no bien hube reflexionado sobre esto, cuando las analogías entre el sordomudo y el mono se agolparon en mi espíritu.
Primero de todo, su extraordinaria movilidad mímica que compensa al lenguaje articulado, demostrando que no por dejar de hablar se deja de pensar, así haya disminución de esta facultad por la paralización de aquella. Después otros caracteres más peculiares por ser más específicos: la diligencia en el trabajo, la fidelidad, el coraje, aumentados hasta la certidumbre por estas dos condiciones cuya comunidad es verdaderamente reveladora; la facilidad para los ejercicios de equilibrio y la resistencia al marco.
Decidí, entonces, empezar mi obra con una verdadera gimnasia de los labios y de la lengua de mi mono, tratándolo en esto como a un sordomudo. En lo restante, me favorecería el oído para establecer comunicaciones directas de palabra, sin necesidad de apelar al tacto. El lector verá que en esta parte prejuzgaba con demasiado optimismo.
Felizmente, el chimpancé es de todos los grandes monos el que tiene labios más movibles; y en el caso particular, habiendo padecido Yzur de anginas, sabía abrir la boca para que se la examinaran.
La primera inspección confirmó en parte mis sospechas. La lengua permanecía en el fondo de su boca, como una masa inerte, sin otros movimientos que los de la deglución. La gimnasia produjo luego su efecto, pues a los dos meses ya sabía sacar la lengua para burlar. Ésta fue la primera relación que conoció entre el movimiento de su lengua y una idea; una relación perfectamente acorde con su naturaleza, por otra parte.
Los labios dieron más trabajo, pues hasta hubo que estirárselos con pinzas; pero apreciaba -quizá por mi expresión- la importancia de aquella tarea anómala y la acometía con viveza. Mientras yo practicaba los movimientos labiales que debía imitar, permanecía sentado, rascándose la grupa con su brazo vuelto hacia atrás y guiñando en una concentración dubitativa, o alisándose las patillas con todo el aire de un hombre que armoniza sus ideas por medio de ademanes rítmicos. Al fin aprendió a mover los labios.
Pero el ejercicio del lenguaje es un arte difícil, como lo prueban los largos balbuceos del niño, que lo llevan, paralelamente con su desarrollo intelectual, a la adquisición del hábito. Está demostrado, en efecto, que el centro propio de las inervaciones vocales, se halla asociado con el de la palabra en forma tal, que el desarrollo normal de ambos depende de su ejercicio armónico; y esto ya lo había presentido en 1785 Heinicke, el inventor del método oral para la enseñanza de los sordomudos, como una consecuencia filosófica. Hablaba de una "concatenación dinámica de las ideas", frase cuya profunda claridad honraría a más de un psicólogo contemporáneo.
Yzur se encontraba, respecto al lenguaje, en la misma situación del niño que antes de hablar entiende ya muchas palabras; pero era mucho más apto para asociar los juicios que debía poseer sobre las cosas, por su mayor experiencia de la vida.
Estos juicios, que no debían ser sólo de impresión, sino también inquisitivos y disquisitivos, a juzgar por el carácter diferencial que asumían, lo cual supone un raciocinio abstracto, le daban un grado superior de inteligencia muy favorable por cierto a mi propósito.
Si mis teorías parecen demasiado audaces, basta con reflexionar que el silogismo, o sea el argumento lógico fundamental, no es extraño a la mente de muchos animales. Como que el silogismo es originariamente una comparación entre dos sensaciones. Si no, ¿por qué los animales que conocen al hombre huyen de él, y no los que nunca le conocieron?...
Comencé, entonces, la educación fonética de Yzur.
Tratábase de enseñarle primero la palabra mecánica, para llevarlo progresivamente a la palabra sensata.
Poseyendo el mono la voz, es decir, llevando esto de ventaja al sordomudo, con más ciertas articulaciones rudimentarias, tratábase de enseñarle las modificaciones de aquella, que constituyen los fonemas y su articulación, llamada por los maestros estática o dinámica, según que se refiera a las vocales o a las consonantes.
Dada la glotonería del mono, y siguiendo en esto un método empleado por Heinicke con los sordomudos, decidí asociar cada vocal con una golosina: a con papa; e con leche; i con vino; o con coco; u con azúcar, haciendo de modo que la vocal estuviese contenida en el nombre de la golosina, ora con dominio único y repetido como en papa, coco, leche, ora reuniendo los dos acentos, tónico y prosódico, es decir, como fundamental: vino, azúcar.
Todo anduvo bien, mientras se trató de las vocales, o sea los sonidos que se forman con la boca abierta. Yzur los aprendió en quince días. Sólo que a veces, el aire contenido en sus abazones les daba una rotundidad de trueno. La u fue lo que más le costó pronunciar.
Las consonantes me dieron un trabajo endemoniado, y a poco hube de comprender que nunca llegaría a pronunciar aquellas en cuya formación entran los dientes y las encías. Sus largos colmillos y sus abazones, lo estorbaban enteramente.
El vocabulario quedaba reducido, entonces a las cinco vocales, la b, la k, la m, la g, la f y la c, es decir todas aquellas consonantes en cuya formación no intervienen sino el paladar y la lengua.
Aun para esto no me bastó el oído. Hube de recurrir al tacto como un sordomudo, apoyando su mano en mi pecho y luego en el suyo para que sintiera las vibraciones del sonido.
Y pasaron tres años, sin conseguir que formara palabra alguna. Tendía a dar a las cosas, como nombre propio, el de la letra cuyo sonido predominaba en ellas. Esto era todo.
En el circo había aprendido a ladrar como los perros, sus compañeros de tarea; y cuando me veía desesperar ante las vanas tentativas para arrancarle la palabra, ladraba fuertemente como dándome todo lo que sabía. Pronunciaba aisladamente las vocales y consonantes, pero no podía asociarlas. Cuando más, acertaba con una repetición de pes y emes.
Por despacio que fuera, se había operado un gran cambio en su carácter. Tenía menos movilidad en las facciones, la mirada más profunda, y adoptaba posturas meditativas. Había adquirido, por ejemplo, la costumbre de contemplar las estrellas. Su sensibilidad se desarrollaba igualmente; íbasele notando una gran facilidad de lágrimas. Las lecciones continuaban con inquebrantable tesón, aunque sin mayor éxito. Aquello había llegado a convertirse en una obsesión dolorosa, y poco a poco sentíame inclinado a emplear la fuerza. Mi carácter iba agriándose con el fracaso, hasta asumir una sorda animosidad contra Yzur. Éste se intelectualizaba más, en el fondo de su mutismo rebelde, y empezaba a convencerme de que nunca lo sacaría de allí, cuando supe de golpe que no hablaba porque no quería. El cocinero, horrorizado, vino a decirme una noche que había sorprendido al mono "hablando verdaderas palabras". Estaba, según su narración, acurrucado junto a una higuera de la huerta; pero el terror le impedía recordar lo esencial de esto, es decir, las palabras. Sólo creía retener dos: cama y pipa. Casi le doy de puntapiés por su imbecilidad.
No necesito decir que pasé la noche poseído de una gran emoción; y lo que en tres años no había cometido, el error que todo lo echó a perder, provino del enervamiento de aquel desvelo, tanto como de mi excesiva curiosidad.
En vez de dejar que el mono llegara naturalmente a la manifestación del lenguaje, llaméle al día siguiente y procuré imponérsela por obediencia.
No conseguí sino las pes y las emes con que me tenía harto, las guiñadas hipócritas y -Dios me perdone- una cierta vislumbre de ironía en la azogada ubicuidad de sus muecas.
Me encolericé, y sin consideración alguna, le di de azotes. Lo único que logré fue su llanto y un silencio absoluto que excluía hasta los gemidos.
A los tres días cayó enfermo, en una especie de sombría demencia complicada con síntomas de meningitis. Sanguijuelas, afusiones frías, purgantes, revulsivos cutáneos, alcoholaturo de brionia, bromuro -toda la terapéutica del espantoso mal le fue aplicada. Luché con desesperado brío, a impulsos de un remordimiento y de un temor. Aquél por creer a la bestia una víctima de mi crueldad; éste por la suerte del secreto que quizá se llevaba a la tumba.
Mejoró al cabo de mucho tiempo, quedando, no obstante, tan débil, que no podía moverse de su cama. La proximidad de la muerte habíalo ennoblecido y humanizado. Sus ojos llenos de gratitud, no se separaban de mí, siguiéndome por toda la habitación como dos bolas giratorias, aunque estuviese detrás de él; su mano buscaba las mías en una intimidad de convalecencia. En mi gran soledad, iba adquiriendo rápidamente la importancia de una persona.
El demonio del análisis, que no es sino una forma del espíritu de perversidad, impulsábame, sin embargo, a renovar mis experiencias. En realidad el mono había hablado. Aquello no podía quedar así.
Comencé muy despacio, pidiéndole las letras que sabía pronunciar. ¡Nada! Dejelo solo durante horas, espiándolo por un agujerillo del tabique. ¡Nada! Hablele con oraciones breves, procurando tocar su fidelidad o su glotonería. ¡Nada! Cuando aquéllas eran patéticas, los ojos se le hinchaban de llanto. Cuando le decía una frase habitual, como el "yo soy tu amo" con que empezaba todas mis lecciones, o el "tú eres mi mono" con que completaba mi anterior afirmación, para llevar a un espíritu la certidumbre de una verdad total, él asentía cerrando los párpados; pero no producía sonido, ni siquiera llegaba a mover los labios.
Había vuelto a la gesticulación como único medio de comunicarse conmigo; y este detalle, unido a sus analogías con los sordomudos, hacía redoblar mis preocupaciones, pues nadie ignora la gran predisposición de estos últimos a las enfermedades mentales. Por momentos deseaba que se volviera loco, a ver si el delirio rompía al fin su silencio. Su convalecencia seguía estacionaria. La misma flacura, la misma tristeza. Era evidente que estaba enfermo de inteligencia y de dolor. Su unidad orgánica habíase roto al impulso de una cerebración anormal, y día más, día menos, aquél era caso perdido. Más, a pesar de la mansedumbre que el progreso de la enfermedad aumentaba en él, su silencio, aquel desesperante silencio provocado por mi exasperación, no cedía. Desde un oscuro fondo de tradición petrificada en instinto, la raza imponía su milenario mutismo al animal, fortaleciéndose de voluntad atávica en las raíces mismas de su ser. Los antiguos hombres de la selva, que forzó al silencio, es decir, al suicidio intelectual, quién sabe qué bárbara injusticia, mantenían su secreto formado por misterios de bosque y abismos de prehistoria, en aquella decisión ya inconsciente, pero formidable con la inmensidad de su tiempo. Infortunios del antropoide retrasado en la evolución cuya delantera tomaba el humano con un despotismo de sombría barbarie, habían, sin duda, destronado a las grandes familias cuadrumanas del dominio arbóreo de sus primitivos edenes, raleando sus filas, cautivando sus hembras para organizar la esclavitud desde el propio vientre materno, hasta infundir a su impotencia de vencidas el acto de dignidad mortal que las llevaba a romper con el enemigo el vínculo superior también, pero infausto, de la palabra, refugiándose como salvación suprema en la noche de la animalidad.
Y qué horrores, qué estupendas sevicias no habrían cometido los vencedores con la semibestia en trance de evolución, para que ésta, después de haber gustado el encanto intelectual que es el fruto paradisíaco de las biblias, se resignara a aquella claudicación de su extirpe en la degradante igualdad de los inferiores; a aquel retroceso que cristalizaba por siempre su inteligencia en los gestos de un automatismo de acróbata; a aquella gran cobardía de la vida que encorvaría eternamente, como en distintivo bestial, sus espaldas de dominado, imprimiéndole ese melancólico azoramiento que permanece en el fondo de su caricatura.
He aquí lo que, al borde mismo del éxito, había despertado mi malhumor en el fondo del limbo atávico. A través del millón de años, la palabra, con su conjuro, removía la antigua alma simiana; pero contra esa tentación que iba a violar las tinieblas de la animalidad protectora, la memoria ancestral, difundida en la especie bajo un instintivo horror, oponía también edad sobre edad como una muralla.
Yzur entró en agonía sin perder el conocimiento. Una dulce agonía a ojos cerrados, con respiración débil, pulso vago, quietud absoluta, que sólo interrumpía para volver de cuando en cuando hacia mí, con una desgarradora expresión de eternidad, su cara de viejo mulato triste. Y la última noche, la tarde de su muerte, fue cuando ocurrió la cosa extraordinaria que me ha decidido a emprender esta narración.
Habíame dormitado a su cabecera, vencido por el calor y la quietud del crepúsculo que empezaba, cuando sentí de pronto que me asían por la muñeca.
Desperté sobresaltado. El mono, con los ojos muy abiertos, se moría definitivamente aquella vez, y su expresión era tan humana, que me infundió horror; pero su mano, sus ojos, me atraían con tanta elocuencia hacia él, que hube de inclinarme de inmediato a su rostro; y entonces, con su último suspiro, el último suspiro que coronaba y desvanecía a la vez mi esperanza, brotaron -estoy seguro-, brotaron en un murmullo (¿cómo explicar el tono de una voz que ha permanecido sin hablar diez mil siglos?) estas palabras cuya humanidad reconciliaba las especies:
-AMO, AGUA, AMO, MI AMO...

jueves, 27 de mayo de 2010

Memorias Impuras - "Los padres" (fragmento)


...(mi abuelo) sin ser yo su nieto predilecto, o quizá por eso mismo, me adjudicó la responsabilidad de hacerme cronista del Virreynato, cronista de sus insólitas revoluciones...
... Hay aquí una taberna construida a la vieja usanza: paredes y pisos de piedra, techos bajos, ventanas diminutas. El cielo está cerca. Y el viento, porque todo es roca, existe gracias a mi cabello y a mi blusón gastado.
Por lo demás, el tabernero es un hombre sin misterios. Y tanto su mujer como su hija son de una delgadez inconcebible. Nada hay entonces que pueda distraerme de mis obligaciones.
Dispongo hospedarme todo el invierno en esta casa sombría. Aunque sé que llegará la primavera y yo seguiré aquí, escribiendo, escribiendo.
Estoy ahora frente al papel.
La luz del candelabro sugiere imprecisiones y enigmas. Tal vez por esa causa decido no ofrendarle esta historia a ningún héroe. Será igual que un jarro rebalsado de sidra; mitad ámbar, mitad mentira para que sea deseable.
Decido también que mi narración seguirá el trazo y la lógica del cometa que cruzó, en aquel tiempo, el cielo del Virreynato.

Sé que mi abuelo anda cerca, envuelto en su muerte. ¿Lamentará haberme elegido?

LILIANA BODOC.-

martes, 2 de febrero de 2010

Macanudo


Acá les dejo una tira de Liniers, un genio al que varios admiramos. De paso lo felicitamos por la llegada de Clementina a su vida. ¡GRANDE LINIERS!

jueves, 14 de enero de 2010

La Saga de Los Confines - Los días del Fuego.


Las cuatro Virtudes (fragmento)

Y así ocurrió, el Mago del Recinto entró en la cueva (...)
- Hija dorada del Recinto, se cumplió el tiempo (...) Dime, Vara, ¿cuál es la primera Virtud y cuál es su consistencia?
- Es la memoria, y tiene la consistencia de la savia que une la raíz con los frutos.
- ¿Cuál es la segunda Virtud, y cómo oficia?
- La segunda Virtud es el nombre; la honra de llevar un nombre... Oficia esta Virtud como marca que distingue los rostros. El que tiene nombre, tiene espíritu, y el cielo puede llamarlo.
- ¿Y la tercera? ¿Cuál es la tercera Virtud y cuánto pesa?
- Es el conocimiento. Y pesa tanto, tanto pesa saber, conocer y comprender las causas, que sólo pueden sobrellevarlo los mejores (...)
- ¿Cuál es, Vara, la cuarta Virtud que nos afirma?
- Es la poesía... Único modo de decir la verdad.
Vio Zorás que Vara había crecido luminosa, y que ya estaba lista para cumplir su tarea (...)
Aro se paró frente al Mago. Y agachó apenas la cabeza en señal de respeto.
- Hijo dorado del Recinto -dijo Zorás- Dime, Aro ¿cuál es la primera Virtud y cuál es su consistencia?
- Es la memoria. Y ¿podría tener consistencia sin tener movimiento? La consistencia de la memoria es el movimiento.
- ¿Cuál es la segunda Virtud y cómo oficia?
- Es el nombre; la honra de llevar un nombre... Oficia esta Virtud como marca que distingue los rostros. El que tiene nombre tiene espíritu, y el amor puede llamarlo.
- ¿Y la tercera? ¿Cuál es la tercera Virtud? ¿Y cuánto pesa?
- Es el conocimiento. Y pesa tanto como un arduo pan; y pesa tan poco como muchas dulces migas repartidas.
- ¿Cuál es, Aro, la cuarta Virtud que nos afirma?
- La poesía; único modo de decir la verdad.
Zorás vio que Aro había crecido luminoso. Y aceptó sus respuestas desafiantes, distintas de las respuestas fieles que Vara había dado, como una muestra de la altivez del varón.
(...) Zorás y Foitestés acordaban el camino de regreso. Vara y Aro hablaban entre ellos con imperceptible movimiento de los labios.
- Nacimos con un propósito -dijo Aro-. Y eso no es Virtud de Zorás.
- Pero Zorás nos ha preparado para cumplirlo.
- La escardadora nos marcó la carne.
- Zorás, el alma.
- Uno no vale más que el otro -dijo Aro.
- Cuando pueda amar, te amaré -dijo Vara.
- Te amo ahora -dijo Aro-, aunque hayas crecido para el Recinto.
- Te amo también -respondió Vara-, aunque hayas crecido para Las Manchas.

miércoles, 13 de enero de 2010

La Saga de Los Confines - Los días de la Sombra


La inocente y la Sombra (fragmento)

Antes de su hijo, las criaturas del mundo la respetaron... Todos sabían que su trabajo era doloroso, aunque necesario. Un poco parecido al invierno. Pero desde la guerra de Misáianes, su tarea había perdido honra, justicia y medidas. No es muerte, decían las Criaturas, es exterminio. Y eso no se parecía al invierno.
-Si lo miras bien, -seguía Wilkilén- la pena se parece al invierno. Un día se va, y tú te das cuenta de que sirvió de algo.
"Yo tuve un sentido", pensó la Sombra.
Así, hablando de penas, Wilkilén se quedó dormida con su cara pegada al cuerpo de la anciana, que sentía en su piel el movimiento de las pestañas.
"Esta niña sueña demasiado", pensó.
La Sombra se apartó de ella con más prudencia de la que hubiera deseado y se fue a recorrer la isla.

martes, 10 de noviembre de 2009

Edgar A. Poe


El cuervo

Una vez, al filo de una lúgubre media noche,
mientras débil y cansado, en tristes reflexiones embebido,
inclinado sobre un viejo y raro libro de olvidada ciencia,
cabeceando, casi dormido,
oyóse de súbito un leve golpe,
como si suavemente tocaran,
tocaran a la puerta de mi cuarto.
“Es —dije musitando— un visitante
tocando quedo a la puerta de mi cuarto.
Eso es todo, y nada más.”

¡Ah! aquel lúcido recuerdo
de un gélido diciembre;
espectros de brasas moribundas
reflejadas en el suelo;
angustia del deseo del nuevo día;
en vano encareciendo a mis libros
dieran tregua a mi dolor.
Dolor por la pérdida de Leonora, la única,
virgen radiante, Leonora por los ángeles llamada.
Aquí ya sin nombre, para siempre.

Y el crujir triste, vago, escalofriante
de la seda de las cortinas rojas
llenábame de fantásticos terrores
jamás antes sentidos. Y ahora aquí, en pie,
acallando el latido de mi corazón,
vuelvo a repetir:
“Es un visitante a la puerta de mi cuarto
queriendo entrar. Algún visitante
que a deshora a mi cuarto quiere entrar.
Eso es todo, y nada más.”

Ahora, mi ánimo cobraba bríos,
y ya sin titubeos:
“Señor —dije— o señora, en verdad vuestro perdón
imploro,
mas el caso es que, adormilado
cuando vinisteis a tocar quedamente,
tan quedo vinisteis a llamar,
a llamar a la puerta de mi cuarto,
que apenas pude creer que os oía.”
Y entonces abrí de par en par la puerta:
Oscuridad, y nada más.

Escrutando hondo en aquella negrura
permanecí largo rato, atónito, temeroso,
dudando, soñando sueños que ningún mortal
se haya atrevido jamás a soñar.
Mas en el silencio insondable la quietud callaba,
y la única palabra ahí proferida
era el balbuceo de un nombre: “¿Leonora?”
Lo pronuncié en un susurro, y el eco
lo devolvió en un murmullo: “¡Leonora!”
Apenas esto fue, y nada más.

Vuelto a mi cuarto, mi alma toda,
toda mi alma abrasándose dentro de mí,
no tardé en oír de nuevo tocar con mayor fuerza.
“Ciertamente —me dije—, ciertamente
algo sucede en la reja de mi ventana.
Dejad, pues, que vea lo que sucede allí,
y así penetrar pueda en el misterio.
Dejad que a mi corazón llegue un momento el silencio,
y así penetrar pueda en el misterio.”
¡Es el viento, y nada más!

De un golpe abrí la puerta,
y con suave batir de alas, entró
un majestuoso cuervo
de los santos días idos.
Sin asomos de reverencia,
ni un instante quedo;
y con aires de gran señor o de gran dama
fue a posarse en el busto de Palas,
sobre el dintel de mi puerta.
Posado, inmóvil, y nada más.

Entonces, este pájaro de ébano
cambió mis tristes fantasías en una sonrisa
con el grave y severo decoro
del aspecto de que se revestía.
“Aun con tu cresta cercenada y mocha —le dije—,
no serás un cobarde,
hórrido cuervo vetusto y amenazador.
Evadido de la ribera nocturna.
¡Dime cuál es tu nombre en la ribera de la Noche Plutónica!”
Y el Cuervo dijo: “Nunca más.”

Cuánto me asombró que pájaro tan desgarbado
pudiera hablar tan claramente;
aunque poco significaba su respuesta.
Poco pertinente era. Pues no podemos
sino concordar en que ningún ser humano
ha sido antes bendecido con la visión de un pájaro
posado sobre el dintel de su puerta,
pájaro o bestia, posado en el busto esculpido
de Palas en el dintel de su puerta
con semejante nombre: “Nunca más.”

Mas el Cuervo, posado solitario en el sereno busto.
las palabras pronunció, como virtiendo
su alma sólo en esas palabras.
Nada más dijo entonces;
no movió ni una pluma.
Y entonces yo me dije, apenas murmurando:
“Otros amigos se han ido antes;
mañana él también me dejará,
como me abandonaron mis esperanzas.”
Y entonces dijo el pájaro: “Nunca más.”

Sobrecogido al romper el silencio
tan idóneas palabras,
“sin duda —pensé—, sin duda lo que dice
es todo lo que sabe, su solo repertorio, aprendido
de un amo infortunado a quien desastre impío
persiguió, acosó sin dar tregua
hasta que su cantinela sólo tuvo un sentido,
hasta que las endechas de su esperanza
llevaron sólo esa carga melancólica
de ‘Nunca, nunca más’.”

Mas el Cuervo arrancó todavía
de mis tristes fantasías una sonrisa;
acerqué un mullido asiento
frente al pájaro, el busto y la puerta;
y entonces, hundiéndome en el terciopelo,
empecé a enlazar una fantasía con otra,
pensando en lo que este ominoso pájaro de antaño,
lo que este torvo, desgarbado, hórrido,
flaco y ominoso pájaro de antaño
quería decir granzando: “Nunca más.”

En esto cavilaba, sentado, sin pronunciar palabra,
frente al ave cuyos ojos, como-tizones encendidos,
quemaban hasta el fondo de mi pecho.
Esto y más, sentado, adivinaba,
con la cabeza reclinada
en el aterciopelado forro del cojín
acariciado por la luz de la lámpara;
en el forro de terciopelo violeta
acariciado por la luz de la lámpara
¡que ella no oprimiría, ¡ay!, nunca más!

Entonces me pareció que el aire
se tornaba más denso, perfumado
por invisible incensario mecido por serafines
cuyas pisadas tintineaban en el piso alfombrado.
“¡Miserable —dije—, tu Dios te ha concedido,
por estos ángeles te ha otorgado una tregua,
tregua de nepente de tus recuerdos de Leonora!
¡Apura, oh, apura este dulce nepente
y olvida a tu ausente Leonora!”
Y el Cuervo dijo: “Nunca más.”

“¡Profeta!” —exclamé—, ¡cosa diabolica!
¡Profeta, sí, seas pájaro o demonio
enviado por el Tentador, o arrojado
por la tempestad a este refugio desolado e impávido,
a esta desértica tierra encantada,
a este hogar hechizado por el horror!
Profeta, dime, en verdad te lo imploro,
¿hay, dime, hay bálsamo en Galaad?
¡Dime, dime, te imploro!”
Y el cuervo dijo: “Nunca más.”

“¡Profeta! —exclamé—, ¡cosa diabólica!
¡Profeta, sí, seas pájaro o demonio!
¡Por ese cielo que se curva sobre nuestras cabezas,
ese Dios que adoramos tú y yo,
dile a esta alma abrumada de penas si en el remoto Edén
tendrá en sus brazos a una santa doncella
llamada por los ángeles Leonora,
tendrá en sus brazos a una rara y radiante virgen
llamada por los ángeles Leonora!”
Y el cuervo dijo: “Nunca más.”

“¡Sea esa palabra nuestra señal de partida
pájaro o espíritu maligno! —le grité presuntuoso.
¡Vuelve a la tempestad, a la ribera de la Noche Plutónica.
No dejes pluma negra alguna, prenda de la mentira
que profirió tu espíritu!
Deja mi soledad intacta.
Abandona el busto del dintel de mi puerta.
Aparta tu pico de mi corazón
y tu figura del dintel de mi puerta.
Y el Cuervo dijo: “Nunca más.”

Y el Cuervo nunca emprendió el vuelo.
Aún sigue posado, aún sigue posado
en el pálido busto de Palas.
en el dintel de la puerta de mi cuarto.
Y sus ojos tienen la apariencia
de los de un demonio que está soñando.
Y la luz de la lámpara que sobre él se derrama
tiende en el suelo su sombra. Y mi alma,
del fondo de esa sombra que flota sobre el suelo,
no podrá liberarse. ¡Nunca más!

lunes, 19 de octubre de 2009

¿La conoces?


Una luz me encegueció sorpresivamente,
era ella
¿no la has visto tú?
La de la sonrisa cálida,
la de la mirada triste.
No es difícil reconocerla
pues es única.
En su rostro y en sus manos
se observan las marcas que ha dejado
el tiempo.
¿no te la has cruzado en el camino?
Si te fijas
tal vez la veas en los innumerables senderos
de esta inmensa jungla.
Sus cabellos llevan señales de muchas vidas
y en su caminar apacible
se esconde una pesada carga,
que guarda en secreto el cansancio.
¿Sabes acaso quién es?
Está aquí, allá,
en todas partes.
Ayer, ahora, mañana... siempre.
Es una sola
y a la vez muchas otras.
Su rostro y sus manos
llevan las marcas
que ha dejado el tiempo,
pero la luz que rebosa de su alma
resplandece eternamente.

A MIS MADRES... GUSTAVO.-

jueves, 1 de octubre de 2009

La saga de Los Confines - Los días del Venado

La noche del guerrero (fragmento)

Dulakancellin no podía dormir, pese a que la noche era una gran quietud y unas cuantas estrellas persistían en las últimas grietas del cielo (...)
El guerrero cerró los ojos esperando el sueño (...) para que el sueño sintiera el desaire se ocupó en distinguir y separar la respiración de cada uno de los seis que dormían en la casa (...) oyó unos ruidos que parecían venir del lado del nogal. Se puso en pie con sólo un movimiento silencioso y enseguida estuvo afuera de la casa con el hacha de piedra en una mano y el escudo en la otra. Allí permaneció, inmóvil junto a la puerta (...)
Entre la casa y el bosque, decenas de lulus giraban sin sentido aparente haciendo viborear sus colas luminosas. Las bocas de todos ellos tenían la forma del soplido. Sin embargo, los soplidos no se oían. Dulkancellin avanzó hasta hacerse ver. Apenas los lulus notaron su presencia, corrieron al pié de los primeros árboles y se transformaron en una multitud de ojos amarillo que lo miraban sin parpadear. Un lulu muy viejo de adelantó unos pasos. El guerrero lo veía con demasiada nitidez, teniendo en cuenta la distancia y la oscuridad que habían de por medio. La criatura de la isla señaló hacia el Oeste con su brazo raquítico y Dulkancellin siguió el movimiento (...) el mar estaba allí tapándole el cielo, derrumbádose sobre su casa, su bosque y su vida. Dulkancellin prolongó un grito salvaje y, por instinto, levantó el escudo. Pero el mar detuvo su caída y se abrió como un surco de la huerta de Kush. Por el surco, pisoteando hortalizas, avanzaban hombres descoloridos a lomo de grandes animales con cabellera. Estaban lejos y cerca, y sus ropas no ondeaban con el viento de la carrera. Por primera y última vez en su vida, el guerrero retrocedió. Para entonces el soplido de los lulus se había transformado en una estridencia insoportable. A través de los hombres descoloridos, Dulkancellin vio una tierra de muerte: algunos venados con la piel arrancada, se arrastraban sobre cenizas. Los naranjos dejaban caer sus frutos emponzoñados. Kupuka caminaba hacia atrás y tenía las manos cortadas. En algún lugar Wilkilén lloraba con el llanto de los pájaros. Y Kuy-Kuyén, picada de manchas rojas, miraba detrás de un viento de polvo (...)

Liliana Bodoc.-

jueves, 24 de septiembre de 2009

Preludio de un día diferente


Durmieron las aves
una a una
su canto...
Y dejaron volar
sus nítidos sueños
a sitios sin tiempo.
La brisa del aire
se impregnó de olores,
de sabores a tierra
de hierbas hirientes.
Volaron ansiosas de ternura
a un efluvio de ausencia
y Aquí y Allí...
olvidaron distancias
recobrando espacios
de "Luz" y "Presencia".
El viento del Norte
se cubrió de alas,
el vendaval cruzó
la misteriosa mañana
y todo el paisaje
se tornó en silencio.
Y en las sombras
... de pronto...
las nubes abrieron
las gotas de lágrimas
que se redimieron.
En ese preludio
de tormenta y arena
recordé tu voz
sosegada y tierna.
Todo fue armonía
todo fue belleza
y en la bóveda azul
se desvaneció la tristeza.

MARÍA ROSA ROLÓN.-

miércoles, 16 de septiembre de 2009

La revolución en bicicleta (fragmetos)


"(...) Estos pasa por los años, créame. Uno se va volviendo olvidadizo. Y hasta es capaz de creer que se miente a sí mismo. Se hace goles en contra, ¿no? Y es terrible, vea, llegar a viejo y empezar a dudar de lo que uno mismo ha vivido. Desconfiar del propio pasado. Quizá, pienso, sea una trampa que uno se hace, producto del miedo a la muerte. Porque le juro que mete miedo al hija de puta. Mentira que es cuestión de ser sabio. No hay sabiduría para afrontarla. Uno se vuelve viejo, sabe que ella está ahí, esperando, anhelosa de agarrarlo en cualquier momento, y uno lo que siente es miedo (...)"
"(...) A veces pienso que lo peor de una guerra es el amor. Curiosamente. El amor. El que uno va gestando por los camaradas, que son, preciso lo afirmo, los seres más queridos en la guerra. Se muere de todo tipo de personas, uno ya lo sabe, pero ninguna duele si no es fruto del amor. Porque siempre hay tiempo para querer más a unos que a otros. Yo no creo, así, con firmeza, decididamente, en un amor abstracto a la Humanidad. Acaso porque en el fondo pienso que a Humanidad, en sí misma, es una mierda. Lo grande, lo hermoso, lo sublime, son los seres humanos (...)"

MEMPO GIARDINELLI.-

jueves, 3 de septiembre de 2009

Los Profesores (Nicanor Parra)


Los profesores nos volvieron locos
a preguntas que no venían al caso
cómo se suman números complejos
hay o no hay arañas en la luna
cómo murió la familia del zar
¿es posible cantar con la boca cerrada?
quién le pintó bigotes a la Gioconda
cómo se llaman los habitantes de Jerusalén
hay o no hay oxígeno en el aire
cuántos son los apóstoles de Cristo
cuál es el significado de la palabra consueta
cuáles fueron las palabras que dijo Cristo en la cruz
quién es el autor de Madame Bovary
dónde escribió Cervantes el Quijote
cómo mató David al gigante Goliat
etimología de la palabra filosofía
cuál es la capital de Venezuela
cuándo llegaron los españoles a Chile.

Nadie dirá que nuestros maestros
eran unas enciclopedias rodantes
exactamente todo lo contrario:
unos modestos profesores primarios
o secundarios no recuerdo muy bien
—eso sí que de bastón y levita,
como que estamos a comienzos de siglo—
no tenían para qué molestarse
en molestarnos de esa manera
salvo por razones inconfesables:
a qué tanta manía pedagógica
¡tanta crueldad en el vacío más negro!

Dentadura del tigre
nombre científico de la golondrina
de cuántas partes consta una Misa solemne
cuál es la fórmula del anhídrido sulfúrico
cómo se suman fracciones de distinto denominador
estómago de los rumiantes
árbol genealógico de Felipe II
Maestros Cantores de Nuremberg
Evangelio según san Mateo
nombre cinco poetas finlandeses
etimología de la palabra etimología.

Ley de la gravitación universal
a qué familia pertenece la vaca
cómo se llaman las alas de los insectos
a qué familia pertenece el ornitorrinco
mínimo común múltiplo entre dos y tres
hay o no hay tinieblas en la luz
origen del sistema solar
aparato respiratorio de los anfibios
órganos exclusivos de los peces
sistema periódico de los elementos
autor de Los Cuatro Jinetes del Apocalipsis
en qué consiste el fenómeno llamado es-pe-jis-mo
cuánto demoraría un tren en llegar a la luna
cómo se dice pizarrón en francés
subraye las palabras terminadas en consonante.

La verdad de las cosas
es que nosotros nos sentábamos en la indiferencia
quién iba a molestarse con esas preguntas
en el mejor de los casos apenas nos hacían temblar
únicamente un malo de la cabeza
la verdadera verdad de las cosas
es que nosotros éramos gente de acción
a nuestros ojos el mundo se reducía
al tamaño de una pelota de fútbol
y patearla era nuestro delirio
nuestra razón de ser adolescentes
hubo campeonatos que se prolongaron hasta la noche
todavía me veo persiguiendo
la pelota invisible en la oscuridad
había que ser búho o murciélago
para no chocar con los muros de adobe
ese era nuestro mundo
las preguntas de nuestros profesores
pasaban gloriosamente por nuestras orejas
como agua por espalda de pato
sin perturbar la calma del universo:
partes constitutivas de la flor
a qué familia pertenece la comadreja
método de preparación del ozono
testamento político de Balmaceda
sorpresa de Cancha Rayada
por dónde entró el ejército libertador
insectos nocivos a la agricultura
cómo comienza el Poema del Cid
dibuje una garrucha diferencial
y determine la condición de equilibrio.

El amable lector comprenderá
que se nos pedía más de lo justo
más de lo estrictamente necesario:
¿determinar la altura de una nube?
¿calcular el volumen de la pirámide?
¿demostrar que raíz de dos es un número irracional?
¿aprender de memoria las Coplas de Jorge Manrique?
déjense de pamplinas con nosotros
hoy tenemos que dirimir un campeonato
pero llegaban las pruebas escritas
y a continuación las pruebas orales
(en unas de fregar cayó Caldera)
con una regularidad digna de mejor causa:

teoría electromagnética de la luz
en qué se distingue el trovador del juglar
¿es correcto decir se venden huevos?
¿sabe lo que es un pozo artesiano?
clasifique los pájaros de Chile
asesinato de Manuel Rodríguez
independencia de la Guayana Francesa
Simón Bolívar ¿héroe o antihéroe?
discurso de abdicación de O'Higgins
ustedes están más colgados que una ampolleta

Los profesores tenían razón:
en verdad, en verdad
el cerebro se nos escapaba por las narices
—había que ver cómo nos castañeteaban los dientes—
a qué se deben los colores del arcoiris
hemisferios de Magdeburgo
nombre científico de la golondrina
metamorfosis de la rana
qué entiende Kant por imperativo categórico
cómo se convierten pesos chilenos a libras esterlinas
quién introdujo en Chile el colibrí
por qué no cae la Torre de Pisa
por qué no se vienen abajo los jardines flotantes de Babilonia
¿por qué no cae la luna a la tierra?
departamentos de la provincia de Ñuble
cómo se trisecta un ángulo recto
cuántos y cuáles son los poliedros regulares
¡éste no tiene la menor idea de nada!

Hubiera preferido que me tragara la tierra
a contestar esas preguntas descabelladas
sobre todo después de los discursos moralizantes
a que nos sometían impajaritablemente día por medio
¿saben ustedes cuánto cuesta al estado
cada ciudadano chileno
desde el momento que sale de la universidad?
¡un millón de pesos de seis peniques!

Un millón de pesos de seis peniques
y seguían apuntándonos con el dedo:
cómo se explica la paradoja hidrostática
cómo se reproducen los helechos
enuméreme los volcanes de Chile
cuál es el río más largo del mundo
cómo se reproducen los elefantes
inventor de la máquina de coser
inventor de los globos aerostáticos
¡ustedes están más colgados que una ampolleta!
van a tener que irse para la casa
y volver con sus apoderados
a conversar con el Rector del Establecimiento

Y mientras tanto la Primera Guerra Mundial
Y mientras tanto la Segunda Guerra Mundial
La adolescencia al fondo del patio
La juventud debajo de la mesa
La madurez que no se conoció
La vejez
con sus alas de insecto.

lunes, 31 de agosto de 2009

Duma Key (fragmento)

Después de mucho tiempo, reaparezco. Y como no podía ser de otra forma, con un fragmento de lo más nuevo de King =)


"Llegué al borde de la escalera y miré hacia abajo, y allí, en el fondo, había dos pequeñas figuras chorreando. Pensé: Manzana, naranja. Pensé: Yo gano, tú ganas. Entonces centelleó un relámpago, y vi a dos niñas de unos seis años, seguramente gemelas, seguramente las hermanas ahogadas de Elizabeth Eastlake. Llevaban vestidos que se les pegaban al cuerpo como yeso. El cabello les cubría las mejillas. Sus caras eran pálidos horrores.
Conocía su procedencia. Habían salido arrastrándose de entre las conchas.
Empezaron a subir las escaleras hacia mí, tomadas de la mano. Un trueno explotó a un kilómetro sobre mi cabeza. Intenté gritar, pero no pude. Pensé: No estoy viendo esto. No.
- Puedo hacerlo -dijo una de las niñas. Hablaba con la voz de las conchas.
- Era ROJO -dijo la otra niña. Hablaba con la voz de las conchas.
Estaban a medio camino. Sus cabezas eran poco más que calaveras con el pelo mojado y sucio cayendo por los costados.
- Siéntate en la pira -dijeron al unísono, como niñas entonando una rima de algún juego de comba... pero hablaban con la voz de las conchas-. Siéntate en la quemadora.
Alargaron las manos hacia mí, con horribles dedos hinchados, acuosos.
Me desmayé en lo alto de la escalera. "

STEPHEN KING.-

jueves, 5 de marzo de 2009

Perder (fragmento)


Perder. No es cierto que yo no hubiera imaginado que podía perder. No fui de esas niñas felices que se sorprenden cuando sobreviene el dolor. Había perdido a mis padres, había perdido mi casa, había perdido mi mundo y todo lo que una persona puede perder sin perder la vida antes de los cinco años. Después todo fue no desbarrancarme y sobrevivir. Cada vez que conocía a alguien, cada vez que me sentía irremediablemente comprometida con alguien, imaginaba cómo sería la vida sin esa persona. Proyectaba posibles abandonos o muertes violentas y practicaba sumergirme en esa sensación de pérdida hasta comprobar una vez más que sobreviviría (...)
Perder. El haber perdido algo siempre oculta la esperanza de volverlo a encontrar. Sé que todos hablan de mí en murmullos compasivos y toleran mis silencios y mis distancias porque "perdí a mi hijo" (...)
No podía imaginar nada peor que la incertidumbre de no saber dónde estaba mi hijo (...) Solía leer compulsivamente los testimonios de los padres desesperados cuyos hijos habían desaparecido (...) Cuando leía sus historias siempre me agarraban accesos de llanto, abrazaba a mi hijo hasta quitarle el aliento, y dejaba que mi marido, con su paciencia infinita, me consolara.
Ahora sé perfectamente que hay algo peor que la inceridumbre: la certeza. Yo sé dónde está mi hijo, sé cómo está. Está bajo tierra en su pequeño cajoncito. Y está muerto. No existe ninguna esperanza de volverlo a encontrar, porque no está perdido (...)

(Raquel Robles)

sábado, 21 de febrero de 2009

Cien años de soledad (fragmento)


"(...) Una madrugada, casi dos meses después del regreso, lo sintió entrar en el dormitorio. Entonces, en vez de huir, en vez de gritar como lo había previsto, se dejó saturar por una suave sensación de descanso. Lo sintió deslizarse por el mosquitero, como lo había hecho cuando era niño, como lo había hecho desde siempre, y no pudo reprimir el sudor helado y el crotaloteo de los dientes cuando se dio cuenta de que él estaba completamente desnudo. "Vete", murmuró, ahogándose de curiosidad. "Vete o me pongo a gritar." Pero Aureliano José sabía entonces lo que tenía que hacer, porque ya no era un niño asustado por la oscuridad, sino un animal de campamento. Desde aquella noche se reiniciaron las sordas batallas sin consecuencias que se prolongaban hasta el amanecer (...) Aureliano escapaba al alba y regresaba a la madrugada siguiente, cada vez más exitado (...) no había dejado de desearla un solo instante. La encontraba en los oscuros dormitorios de los pueblos vencidos, sobre todo en los más abyectos, y la materializaba en el tufo de la sangre seca en las vendas de los heridos, en el pavor instantáneo del peligro de muerte, a toda hora y en todas partes. Había huido de ella tratando de aniquilar su recuerdo no sólo con la distancia, sino con un encarnizamiento aturdido que sus compañeros de armas calificaban de temeridad, pero mientras más revolcaba su imagen en el muladar de la guerra, más la guerra se parecía a Amaranta (...)

Gabriel García Márquez.-

viernes, 23 de enero de 2009

LOST


I’m out on my own again
Face down in the porcelain
Feeling so high but looking so low
Party favors on the floor
Group of girls banging on the door
So many new fair-weather friends ooo…

Have you ever been so lost
Known the way and still so lost

Caught in the eye of a hurricane
Slowly waving goodbye like a pageant parade
So sick of this town pulling me down
My mother says I should come back home but
Can’t find the way cause the way is gone
So if I pray am I just sending words into outer space

Have you ever been so lost
Known the way and still so lost
Another night waiting for someone to take me home
Have you ever been so lost

Is there a light
Is there a light
At the end of the road
I’m pushing everyone away
‘Cause I can’t feel this anymore
Can’t feel this anymore

Have you ever been so lost
Known the way and still so lost
Another night waiting for someone to take me home
Have you ever been so lost
Have you ever been so LOST

Katy Perry

lunes, 19 de enero de 2009

La Torre Oscura 7 (fragmento última parte)


"(...) Se puso de pie. El chico lo contempló con mirada de asombro y sorpresa, mientras agarraba su cuaderno. Roland se volvió. Inspiró aire hasta el fondo de sus pulmones y lo dejó salir en un estruendoso grito.
-: ¡ALLÁ VA ROLAND HACIA LA TORRE OSCURA! ¡HE SIDO SINCERO Y TODAVÍA LLEVO LA PISTOLA DE MI PADRE Y TE ABRIRÁS AL TACTO DE MI MANO!
Patrick lo miró avanzar a grandes zancadas hacia el final del camino, era una silueta negra sobre el fondo del cielo abrasador y sanguinolento. Se quedó mirando hasta que Roland empezó a caminar entre las rosas, y se quedó sentado en las sombras cuando Roland empezó a gritar el nombre de sus amigos y de sus seres queridos y de sus compañeros de ka; los nombres viajaron con toda claridad en ese extraño aire, como si fueran a tener eco para siempre.
-: ¡Vengo en nombre de Steven Deschain de Guilead!
-: ¡Vengo en nombre de Gabrielle Deschain de Guilead!
-: ¡Vengo en nombre de Cortland Andrus de Guilead!
-: ¡Vengo en nombre de Cuthbert Allgood de Guilead!
-: ¡Vengo en nombre de Alain Johns de Guilead!
-: ¡Vengo en nombre de Susan Delgado de Mejis!
-: ¡Vengo en nombre de Acho, el valiente de Mundo Medio!
-: ¡Vengo en nombre de Eddie Dean de Nueva York!
-: ¡Vengo en nombre de Jake Chambers de Nueva York, a quien llamo mi verdadero hijo!
-: ¡Vengo en nombre de Susannah Dean de Nueva York!
-: ¡Yo soy Roland Deschain de Guilead, y vengo en mi propio nombre, te abrirás ante mí!
Dicho esto se escuchó el sonido de un cuerno. Patrik sintió que se le helaba la sangre y que bullía al mismo tiempo. Los ecos habían enmudecido en el silencio. Entonces, quizá pasado un minuto, se oyó el eco de otro estruendo: el sonido de una puerta que se cerraba para siempre (...)"

martes, 13 de enero de 2009

A gritos de esperanza



A pesar que la luna no brille mañana,
Dará igual, si
sólo verte reír
es lo que me hace feliz...mi alma.
Y es verdad que una mirada distinta
O algún gesto más frío se clava,,,
En mi pecho la daga del desconcierto,
Pero amor, ahí está la magia.

Ahora que te veo niña,
Ya te echo de menos.
No imagino mis heridas si algún día te vas lejos.

Querida...por eso:
Si preguntan por mí,
No les digas dónde fui.
Que tu alma sea fuerte
Y cuando mires hacia el frente,
No recuerdes todo lo que no te di.
Y es que quedan tantas cosas
Por contarte y que me cuentes,
Tantos ratos y pasiones por vivir.
A tu lado, ooh mi vida...a tu lado.

Y ojalá que nuestros ojos si brillen mañana,
Que tu voz siga pidiéndome a gritos amor,
A gritos de esperanza.
Ahora que te tengo no pienso perder el tiempo,
Ni perderme por mi absurdo ego ni un solo momento.
Se esfuma el miedo.

Si preguntan por mí,
No les diga dónde fui.
Que tu alma sea fuerte
Y cuando mires hacia el frente,
No recuerdes todo lo que no te di.
Que tu luz brille por siempre porque tú te lo mereces.
Y perdona si algún día pretendí
Que no fueras ooh tu misma.

Si preguntan por ti,
solo diré que te vi
En mis sueños una noche,
Y solo sueño desde entonces
Para verme cada día junto a ti.
Y es que quedan tantas cosas
Por contarte y que me cuentes,
Tantos ratos y pasiones por vivir.
A tu lado, ooh mi vida...a tu lado.

Alex Ubago.-