Sobre todos los cadáveres que hemossepultado,
sobre todas las injurias
que día a día
hemos soportado respirando dolor,
argumentando razones
(para no volvernos locos)
sobre todo cuanto nos
han lacerado el alma
y
el cuerpo
levantemos
nuestro propio monte interior
y habitemos en él
con la sabirduría de quien ha perdonado todo
(sin olvidar)
y empecemos a inaugurar otros ritos.
Los sonidos de mi/tu MAR
me habitan.
Ana María Donato.